
Mantengo el recuerdo de una noche en una quinta cuando vivía en Iquitos con mi mamá, mi hermana y mi padrastro. Ese día, mi madre seguramente pensó que sería muy pesado llevarme con ellos a comprar, por eso me dejó dormida en la casa. Ella no imaginó que durante su ausencia habría apagón. Cerró con llave la puerta pensando, posiblemente que evitaría la entrada de algún intruso o tal vez para que no me escape( los niños somos traviesos y una enana de 4 años, tan curiosa como yo, podría aventurarse a buscar a mamá fuera de casa).
Ahora, con 21 años bien puestos aún sigo siendo tan miedosa y tan llorona como en esa época: no puedo dormir con la luz apagada, tengo pesadillas en tiempo de estrés y me aporrea ataques de ansiedad cada cierto periodo. A veces recuerdo la oscuridad de esa casa, la puerta cerrada y una desesperación inconmensurable.
También tengo un recuerdo perdido, relacionado con el mismo lugar y el mismo tiempo de cuando ocurrió lo descrito líneas arriba . Mi padre fue a visitarnos a esa misma quinta , pero tenía que regresar a Lima al día siguiente (si mi memoria no me falla). En fin, él se fue…pero no recuerdo cuando ni como.
Según mi padre ( y esto me lo cuenta y recuenta muy acongojado y con algo de culpa cada vez que voy a visitarlo), que el día del viaje lo acompañamos al aeropuerto, pero que en un momento de descuido (por parte de mi madre) y de arrebato (vaya que desde muy mocosa he sido muy loca) yo lo perseguí hasta la pista de aterrizaje, esquivando a la seguridad del lugar y atravesando por entre las piernas de las aeromozas hasta que él me tomó y me prometió q volvería. Que yo lloré mucho cuando lo vi irse en el avión. Debió ser algo muy duro, porque mi mente eliminó ese recuerdo, pero no los recuerdos de lo que pasó antes ni después de ese hecho.
Me gustaría que mi mente me ayude como con aquel recuerdo. Esta cabeza mía se ha empecinado en torturarme con ideas absurdas y obsesivas. Me siento como una casita sin ventanas, solo con una puerta de entrada, donde ingresan decepciones, insultos, soledad, recuerdos dolorosos. Mi garganta exige gritos, mis puños, golpes; mis brazos, sangre; mis ojos, algo de humedad. Necesito dolor en mi piel para despistarme de la pestilencia que llevo dentro. No está bien, ya lo sé…pero quién puede ayudarme?
Encontré en el placer que me entregaron 2 personas, un drenaje temporal. No me siento utilizada, pero me he tragado la terrible sensación de humillación…y eso es difícil de regurgitar. Estoy en tempestad y las aguas están muy bravas, sólo me queda darle espacio a la ansiedad que me la ha exigido a empujones, desahogar mi frustración escribiendo cosas como esta y recordar que la única persona que puede sacarme de este agujero no es un amigo, ni un amor ni mucho menos un amante…yo sé cuál es la respuesta.